Marzo en la memoria (en mi memoria)

Era lunes. Ya estaba oscureciendo y nos preparábamos para cenar.  Como todo los días del mes de  marzo en El Salvador, el día había sido caluroso.  Sonó el teléfono y como buena adolescente salí corriendo a responder. La voz era de una querida amiga de la familia, quien extrañamente no respondió alegre a mi alegre saludo.  Sólo dijo: “Mataron a Monseñor.  Enciendan la YSAX“.

Recuerdo haber bajado el rostro y repetir a la familia las mismas palabras que había oído.  Sólo bastó encender el radio pues la YSAX (la radio del Arzobispado de San Salvador), ya estaba sintonizada, como lo había estado ese mediodía de lunes , la mañana del domingo para escuchar la homilía de Monseñor Romero , el viernes por la tarde para  escuchar  la música del programa “Qué pasa en el mundo”,  de mi amigo Piquín, ya estaba sintonizada como había estado sintonizada desde el 12 de marzo de 1977, después de que asesinaran al Padre Rutilio Grande.

Esa noche del 24 de marzo de 1980, comenzamos una semana de duelo que nos llevaría casi a diario a acompañar el cuerpo del pastor y que culminaría con su entierro el día domingo 30 de marzo, Domingo de Ramos.

sepelio

Eramos miles los que habíamos llegado para participar en la misa campal, frente al atrio de la Catedral de San Salvador. Ocho días antes, esos miles habíamos escuchado la valiente homilía dominical del pastor.  Ahora, estábamos allí para decirle adiós.  Mis hermanas, mi mamá y yo estábamos entre esa multitud.  Mi abuela decidió seguir la ceremonia a través de la YSAX.

La misa inició, el altar está lleno de sacerdotes concelebrantes, los cantos de la misa popular se entonaban a viva voz cuando de repente… un estallido.  Ese fue el inicio del caos, disparos desde los edificios, explosiones en no sé qué rumbo, los gritos, el correr, la gente que caía, el tumulto intentando ponerse a salvo adentro de la catedral, el tumulto  que hizo que soltara la mano de mi mamá a quién perdí de vista inmediatamente.  El horror….

Las siguiente horas pasaron lentamente:  yo salí como pude de la zona y regresé sola a la casa.  Mi mamá y mis hermanas, angustiadas por no saber de mí, buscaron entre muertos y heridos dentro de la Catedral.  Por fin regresaron a la casa y nos encontramos.

Desde 1980, el mes de marzo adquirió un fuerte significado.  Nunca un Domingo de Ramos volvió a ser igual para mí. Han pasado 33 años  desde los hechos que les cuento, y marzo sigue en mi memoria. Igual siguen en mi memoria otras fechas, otros rostros, que hicieron parte de mi historia y la historia de este país.

Por eso, siempre me admiro cuando veo que  hay tanta gente que ha olvidado (o parece hacerlo)  los duros momentos que tocó vivir durante y después de la guerra.  Ha sido tan eficiente la campaña de “borrón y cuenta nueva” que han realizado los grandes medios de comunicación y la sociedad política, que la gente insiste en vivir su día limitada a conseguir su sustento, preocupándose por temas triviales, huyendo a la palabras organización y protesta… y sobre todo, huyendo del pasado.  Siempre se dice que si no se aprende de los errores del pasado, la historia se repetirá, pero parece que esta sentencia cae en saco roto en buena parte de mis compatriotas.  Una sociedad no sólo se define por su actitud hacia el futuro sino también por su actitud frente al pasado, pues la forma en que enfrenta sus recuerdos son tan reveladores como sus proyectos a futuro.  Por eso admiro a países como Argentina  y Chile, y espero ver el momento en que junto a mis compatriotas decidamos conciliar pasado, presente y futuro.  En otros países encontramos más información que aquí, a pesar de tantos años de finalizado el conflicto.

Como víctima, la historia que les cuento es minúscula comparada con la de aquellos que no sobrevivieron o que vieron desaparecer o morir a su familia cercana.  Yo estoy aquí, tratando (en lo que puedo), de vivir como Monseñor Romero nos enseñó, para construir el reino de Dios entre nosotros (admito que muchas veces me equivoco, eh).  Sin embargo, creo que es necesario contar sobre nuestra memoria  en esta época que vivimos, que es tan increíblemente desmemoriada..

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